El marketing para restaurantes tiene un problema: hay tanto que «deberías» hacer que muchos dueños acaban sin hacer nada, o haciéndolo todo a medias. Esta guía pone orden. Qué funciona de verdad en un restaurante, en qué orden atacarlo, qué cuesta cada cosa y cómo saber si está sirviendo de algo. Sin humo y sin estadísticas inventadas.
Antes de empezar: el orden importa más que el esfuerzo
Casi todos los restaurantes que lo hacen mal no es porque trabajen poco: es porque empiezan por el final. Se vuelcan en Instagram mientras su ficha de Google tiene los horarios de hace dos años y ninguna reseña contestada. Pagan publicidad para llevar gente a una web que tarda seis segundos en cargar.
El orden correcto es siempre el mismo: primero que te encuentren, después que confíen, después que reserven, y solo entonces el altavoz. Lo que viene a continuación está en ese orden.
1. Tu ficha de Google, lo primero siempre
Cuando alguien busca dónde comer estando a quinientos metros de tu puerta, lo que sale no es tu web: es tu ficha de Google Maps, o la del de enfrente. Es la pieza que más tráfico mueve en hostelería y la única que es completamente gratis.
Lo que hay que tener en orden:
- La primera foto. Decide más que la nota. Que sea un plato real y bien iluminado, no la fachada.
- Los horarios al día, festivos incluidos. Nada quema más a un cliente que presentarse y encontrar cerrado.
- La categoría correcta. Si eres un asador y estás como «restaurante», te pierdes todas las búsquedas de asador.
- Los platos cargados. Google posiciona por «dónde comer paella», no solo por tu nombre. Si tus platos no están escritos, no existen para esa búsqueda.
- Las reseñas respondidas, las buenas y las malas. Es de lo poco que puedes hacer tú, cada semana, que Google tiene en cuenta.
Esto no cuesta dinero, cuesta una tarde. Y es lo que más mueve.
2. Una web que convierta la visita en reserva
La ficha de Google da visibilidad. La web da confianza y cierra la reserva. No necesita ser grande: necesita tres cosas y nada más.
- Cargar rápido en el móvil. La mayoría de tus clientes te van a mirar por la calle, con el móvil y con mala cobertura. Cada segundo de espera te cuesta gente.
- Enseñar la carta con precios. Esconder los precios no vende más: hace que el indeciso se vaya a mirar otro sitio donde sí los vea.
- Un botón de reserva visible sin bajar. Si hay que buscarlo, no se pulsa.
Si estás valorando el presupuesto, tienes el desglose por rangos en cuánto cuesta una web para un restaurante. Y si tu negocio está en la zona, en diseño web en Badalona explicamos cómo lo planteamos aquí.
3. La carta digital, que trabaja en dos sitios a la vez
Una carta digital con QR hace dos trabajos distintos y por eso rinde tanto.
En la mesa, ahorra cartas plastificadas y te deja cambiar un precio o quitar un plato agotado sin reimprimir nada. En la web y en Google, es la información que más consulta la gente antes de decidir si viene.
Dos avisos. El primero: marca los alérgenos, que además de vender es obligatorio. El segundo: cuidado con las suscripciones de 15 a 30 € al mes que cobran algunas plataformas por esto. Es un gasto recurrente por algo que se puede hacer en pago único.
4. Reservas sin fricción y sin plantones
Cada llamada en pleno servicio es una interrupción con las manos ocupadas. Y cada reserva que no aparece es una mesa vacía en la hora buena. Es el problema del no-show, y tiene solución barata.
Las reservas por WhatsApp con confirmación y recordatorio automáticos arreglan las dos cosas de golpe: el teléfono deja de sonar y quien no va a venir cancela a tiempo, con lo que la mesa se libera y se puede volver a dar. Es de las pocas piezas de marketing que se paga sola y se puede calcular: cuenta cuántos plantones tienes al mes y multiplica por lo que gasta una mesa media.
5. El chat que contesta cuando tú no puedes
Las mismas cinco preguntas, todos los días: horarios, alérgenos, si se puede ir con niños, si hay terraza, si aceptáis grupos. Muchas llegan a las once de la noche, cuando estás cerrando o ya en casa.
Un chatbot con inteligencia artificial configurado con tu información resuelve esa parte sin que tengas que estar. La condición para que sirva de algo es que esté acotado a lo que tú le has dado: un chat que improvise que tenéis opción sin gluten es peor que no tener chat.
6. Redes sociales: escaparate, no altavoz
Instagram y TikTok funcionan en hostelería como escaparate. La gente no te sigue para leer tus ofertas: te mira para decidir si le apetece tu sitio.
Lo que funciona: platos en movimiento en vídeos cortos, el equipo y el local con personalidad, y sobre todo constancia. Tres publicaciones buenas a la semana valen más que quince en un mes y silencio el siguiente.
Lo que no: fotos de banco de imágenes, carteles de texto con frases motivadoras, y cuentas abandonadas — una cuenta con la última publicación de hace ocho meses da peor imagen que no tener cuenta.
Si no hay tiempo, que es lo normal con un servicio que atender, es el servicio más habitual para delegar en un community manager especializado en restaurantes.
7. Las reseñas: tu reputación trabajando sola
El círculo se cierra donde empezó. Pide la reseña en caliente, cuando el cliente acaba de decirte que todo estaba buenísimo — no al día siguiente por correo. Ponlo fácil con un QR en el ticket o en la mesa. Y contéstalas todas: tienes plantillas listas para copiar aquí.
Lo que no puedes hacer, por mucho que te lo ofrezcan: comprarlas, ni condicionarlas a un descuento, ni pedírselas solo a los contentos. Las tres cosas van contra las normas de Google y la sanción cae sobre tu ficha.
Los cuatro errores que más dinero cuestan
- Empezar por la publicidad. Pagar por tráfico hacia una web que no convierte es tirar el dinero con un método más caro.
- Cambiar de canal cada mes. Un mes Instagram, al siguiente TikTok, al siguiente un newsletter. Nada da resultados en cuatro semanas.
- No mirar nunca los números. Si no sabes cuántas reservas vienen de dónde, estás decidiendo a ciegas.
- Delegar sin criterio. Contratar a alguien para redes sin tener la ficha de Google en orden es pagar por el tejado antes que por los cimientos.
Cómo saber si está funcionando
No hace falta un panel complicado. Con mirar cuatro cosas una vez al mes vas sobrado:
- Cuánta gente ve tu ficha de Google y cuántos piden la ruta o llaman. Lo tienes en el propio perfil, gratis.
- Cuántas reservas entran por cada vía: teléfono, WhatsApp, web, a puerta.
- Cuántas reseñas nuevas al mes y qué nota media.
- Cuántos no-shows. Es el número que más rápido mejora cuando pones recordatorios.
Apúntalos en un papel el día 1 de cada mes. En tres meses ves la tendencia, y la tendencia es lo único que importa.
Por dónde empezar si solo puedes hacer una cosa al mes
- Mes 1: ficha de Google impecable y todas las reseñas pendientes contestadas. Gratis, una tarde, efecto inmediato.
- Mes 2: web con la carta y el botón de reserva. Es la base de todo lo demás.
- Mes 3: reservas con recordatorio automático. Dejas de perder mesas.
- Mes 4 en adelante: redes con constancia, y a medir.
El error más caro es el orden inverso. Primero los cimientos, después el altavoz.
¿Quieres que montemos esto por ti?
Webs, cartas digitales con QR, reservas por WhatsApp, chat con IA y redes sociales para restaurantes. Precios cerrados y sin permanencia. Si estás en Badalona o alrededores, nos acercamos a tu local.
Ver todos los servicios