«¿A qué hora cerráis?» «¿Tenéis algo sin gluten?» «¿Se puede ir con niños?». Las mismas cinco preguntas, todos los días, muchas veces a las once de la noche. El chat las contesta con la información de tu restaurante, no con lo que se imagine.
Incluido el «¿abrís el lunes?» y el «¿hasta qué hora servís cocina?», que son las dos que más se preguntan y las que peor se contestan en una web normal.
Conectado a tu carta real. Si cambias el menú del día, el chat lo sabe. Y con los alérgenos responde con lo que tú hayas declarado, sin inventar.
Recoge nombre, día, hora y número de personas, y te lo pasa. Para grupos grandes, avisa de tus condiciones antes de que la llamada te pille en pleno servicio.
Dirección, transporte y dónde aparcar. Parece menor y es de lo que más se pregunta cuando alguien viene de fuera del barrio.
Si se puede ir con perro, si hay terraza, si tenéis tronas, si hacéis take away. Tú dices qué responde y con qué palabras.
Cuando le preguntan algo fuera de su alcance, no improvisa: lo reconoce y ofrece tu teléfono o tu WhatsApp. Es la diferencia entre un asistente útil y uno peligroso.
Carta, horarios, normas de la casa, preguntas que te hacen cada día. Media hora de conversación contigo y lo tenemos.
El chat se limita a esa información. No navega por internet ni opina: si no está en lo que le has dado, no lo dice.
Te enseñamos las respuestas antes de publicarlo y ajustamos el tono hasta que suene a tu casa, no a un manual.
Cambias la carta o los horarios y lo actualizamos. Y revisamos qué le preguntan, que ahí aparecen cosas que no sabías que la gente quería saber.
Sin permanencia: si un mes no lo quieres, se para. Para que compares: una agencia cobra desde 3.000 € por implantar algo equivalente. La cuota mensual no es un margen inventado — cada conversación tiene un coste de procesamiento real, y el chat hay que mantenerlo actualizado cuando cambias la carta.
No debería, y por eso no lo dejamos suelto. Se configura para responder únicamente con la información de tu restaurante: tu carta, tus horarios, tus normas. Si le preguntan algo que no sabe, lo dice y ofrece el teléfono o el WhatsApp en lugar de improvisar. Un chat que se inventa que tenéis opción sin gluten es peor que no tener chat.
No, y no es la idea. Se ocupa de las preguntas repetidas — horarios, si hay parking, si tenéis opción sin gluten — que son la mayoría. Cuando la conversación se pone seria, pasa el contacto a una persona.
Puede recoger los datos de la reserva y pasártelos. Si quieres el circuito completo, con confirmación y recordatorio automáticos, eso lo hace el sistema de reservas por WhatsApp, que se puede combinar con el chat.
Las conversaciones se tratan conforme al RGPD y el chat avisa de ello. No se usan para publicidad ni se venden a nadie. Lo tienes detallado en nuestra política de privacidad.
Porque cada conversación tiene un coste real de procesamiento, y porque el chat hay que mantenerlo al día: si cambias la carta o los horarios, hay que actualizarlo. La cuota cubre las dos cosas. Sin permanencia: si un mes no lo quieres, se para.
Responde en el idioma en que le escriban. En castellano, catalán e inglés de serie, y en la práctica en cualquier idioma que use el cliente. Para un restaurante con turistas, esto solo ya justifica el chat.
No. Si ya tienes web, lo instalamos ahí. Si tu web es tan vieja que no se puede tocar, te lo diremos y hablaremos de rehacerla antes.
La guía completa, y dónde encaja un chat dentro de todo lo demás.
Lo que pierde un restaurante por plantones, con datos.
Mándanos tu carta y tus horarios y te enseñamos cómo respondería a las preguntas que te hacen cada día. Sin compromiso.
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